01 — El punto de partida
La cadena de señal completa
Todo equipo de sonido, desde el de una ceremonia de treinta personas hasta el de un festival, es la misma cadena repetida a distinta escala. La señal nace en una fuente —una voz en un micrófono, un reproductor, la salida de una controladora de DJ, la pastilla de un bajo—, entra en la mesa de mezclas, se reparte y se procesa, pasa por la amplificación y termina moviendo el cono de un altavoz. Entre el principio y el final hay cable, conectores y corriente eléctrica, que son tan parte del equipo como las cajas.
Esto importa por una razón práctica: la calidad final la marca el eslabón más débil, no el más caro. Un sistema de altavoces excelente alimentado por un micrófono inadecuado y una mesa saturada suena peor que un sistema modesto bien ajustado. Y el reparto habitual del presupuesto va justo al revés de donde están los problemas: el grueso del dinero se va en PA y amplificación, mientras que la mayoría de los incidentes que hemos vivido en doce años vienen de microfonía, cableado, corriente y ajuste.
Lo que se ve
Las cajas, los subgraves y las torres. Es la parte del montaje que el cliente identifica como «el equipo» y con la que se suele comparar presupuestos, y es también la que menos veces falla.
Lo que decide el resultado
La microfonía elegida, la mesa y su número de canales, el procesado, el reparto eléctrico y el técnico que lo ajusta. Nada de eso aparece en una foto, y es donde se gana o se pierde el evento.
Vale la pena fijar el vocabulario, porque es el que vas a encontrar en cualquier presupuesto. Fuentes son las entradas: micrófonos, líneas, instrumentos. FOH (front of house) es el puesto de control desde donde se mezcla lo que oye el público. PA es el sistema que cubre al público. Monitores o retornos es lo que oyen los que están en el escenario. Backline son los instrumentos y amplificadores propios de los músicos. Y stagebox es la caja de conexiones del escenario que concentra todas las entradas y las lleva hasta la mesa por una sola manguera o un solo cable de red.
Un detalle que casi nunca se presupuesta y siempre se necesita: el margen. En cada eslabón conviene tener más de lo estrictamente calculado —un par de canales de mesa libres, un micrófono inalámbrico de repuesto, veinte por ciento más de manguera de la medida sobre plano, una etapa con capacidad de sobra—. No es lujo: es lo que permite resolver en cinco minutos el imprevisto que aparece siempre, cuando el evento ya ha empezado y no hay tienda abierta.
Tip Mallorca
En una isla, el margen vale el doble. Si a las siete de la tarde de un sábado de agosto se cae un receptor inalámbrico en una finca de Artà, no hay proveedor, ni servicio técnico, ni mensajería que lo resuelva esa noche. Por eso salimos siempre con duplicado de todo lo crítico —micrófonos de ceremonia, cables de red, una caja de apoyo, baterías— aunque no aparezca en el presupuesto. Un equipo que llega justo es un equipo que no llega.