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Montaje de un evento en el patio de una possessió mallorquina a media tarde, con técnicos elevando un módulo de line array sobre una torre, flight cases abiertos en la grava y mangueras recogidas bajo pasacables

Guía técnica

Montaje y Producción
de Eventos

Las horas que nadie ve. Cómo se planifica, se monta, se prueba y se desmonta un evento: fases, cronogramas, planos, electricidad, seguridad, coordinación de proveedores y los imprevistos que aparecen siempre.

Actualizado agosto 2026 · 20 min de lectura · FØNØY Sound

Un evento de cinco horas se monta en ocho y se desmonta en tres. Esa proporción —que casi nunca aparece en una conversación de presupuesto— es la que explica por qué dos proveedores con el mismo material entregan resultados distintos, por qué un evento va con retraso desde las diez de la mañana sin que nadie sepa exactamente cuándo empezó a torcerse, y por qué la mitad de los problemas de un sábado por la noche se decidieron un martes por la tarde, en una hoja de cálculo.

Esta guía trata de esas horas. No de qué altavoz elegir —eso está en la guía de equipos de sonido— sino de cómo se ordena el trabajo alrededor del material: en qué fases se divide un montaje, cómo se reparten las horas, qué documentos hacen falta y en qué orden entran los gremios en un patio de finca donde solo cabe uno cada vez.

Está escrita desde 2014 montando eventos en Mallorca, y por eso está llena de detalles que solo importan aquí: caminos de acceso con muros de piedra seca a ambos lados, fincas con acometidas monofásicas de 25 amperios, el embat de la tarde que aparece a la misma hora todos los días de julio, y la certeza absoluta de que a las siete de la tarde de un sábado de agosto no hay ninguna tienda abierta en toda la isla. Si tu evento es en exterior, la guía de sonido para eventos al aire libre es el complemento directo de esta.

01 — La estructura

Las seis fases de un montaje

Secuencia de montaje en el patio de una finca mallorquina: tarima modular a medio armar, torre elevadora sin izar, flight cases abiertos y dos técnicos revisando un plano sobre una caja

Todo montaje, desde una ceremonia de treinta personas hasta un festival, atraviesa las mismas seis fases. Cambia la duración de cada una y el número de personas implicadas, pero no el orden ni la naturaleza del trabajo. Reconocerlas sirve para algo muy concreto: casi todos los desastres que hemos visto se explican porque alguien intentó saltarse una o comprimirla a la mitad.

1 · Planificación

Empieza al firmar y termina la víspera. Incluye la visita técnica al espacio, la lectura de riders, el plano de implantación, el cálculo eléctrico, los permisos y licencias, el cronograma y la hoja de ruta. Es la única fase que no cuesta dinero en material y la que más determina el resultado. Un evento bien planificado se monta aburrido, que es exactamente el adjetivo que se busca.

2 · Preparación y carga

En almacén, el día antes: seleccionar el material de la lista, probar cada pieza —no se carga nada sin encender—, preparar racks y cableado por bloques etiquetados, y cargar el vehículo en orden inverso al montaje, de modo que lo primero que se necesita sea lo último que entró. Una carga mal ordenada convierte una descarga de cuarenta minutos en dos horas de mover cajas para llegar al fondo.

3 · Montaje

En el sitio, y con un orden que no es negociable: primero estructura y escenario, después reparto eléctrico, luego rigging y elevación, a continuación sonido e iluminación, y por último cableado, protección de mangueras y limpieza de la escena. Cada paso depende del anterior. Colgar un foco antes de que el truss esté nivelado y lastrado significa desmontarlo cuando alguien lo nivele.

4 · Prueba y ajuste

Line check canal a canal, ajuste del sistema con medición, alineación de subgraves, escaneo y coordinación de frecuencias inalámbricas, enfoque y programación de luces, y ensayo con la banda o el DJ si los hay. Es la fase que se recorta cuando el montaje va tarde, y es precisamente la que separa un evento que suena bien desde el primer tema de uno que se pasa la noche persiguiendo el problema.

5 · Evento

Operación en directo: mezcla, cambios de escena entre bloques, gestión de nivel, atención a lo que pide el cliente y vigilancia del sistema. Aquí el trabajo técnico es en gran parte anticipación —ver venir el problema— y el resto es no estorbar. Un técnico visible durante el evento suele ser señal de que algo no se resolvió antes.

6 · Desmontaje

El montaje al revés, de madrugada, con cansancio y con prisa. Es la fase con más incidencias de todo el proceso: golpes en el material, cables que se dejan, piezas que se pierden. Se resuelve con un inventario de salida contra la lista de carga y con la disciplina de desconectar y bajar tensión antes de tocar nada. Lo que no se controla al desmontar aparece como un fallo en el evento siguiente.

La proporción entre fases es bastante estable. En una boda de finca de doscientas personas, la planificación consume entre seis y diez horas de trabajo de oficina repartidas en semanas; la preparación en almacén, media jornada; el montaje, entre seis y ocho horas con tres o cuatro personas; la prueba, hora y media larga; el evento, cinco o seis horas; y el desmontaje, entre dos y media y tres. Sumado, el trabajo invisible multiplica por tres o cuatro las horas visibles.

Tip Mallorca

La fase que más se subestima en la isla es la primera, y en concreto la visita técnica. Presupuestar una finca de interior sin haber ido es adivinar: no se sabe si el camión entra, si hay trifásica o una monofásica de 25 amperios, si el patio empedrado devuelve el sonido, dónde está la casa del vecino ni por dónde entra el viento a las siete de la tarde. Una visita cuesta media mañana y ahorra el sobrecoste que aparece, siempre a destiempo, la mañana del montaje.

02 — El reloj

El cronograma y sus hitos

Hoja de ruta impresa con horarios de montaje sujeta con pinzas sobre un flight case, junto a un walkie y un rotulador, en el patio de una finca mallorquina a media mañana

Un cronograma de montaje no es una lista de tareas: es una lista de hitos con hora, cada uno de los cuales bloquea al siguiente. Se construye hacia atrás, desde la hora de llegada de los invitados, y esa dirección importa porque es la única que revela si el plan cabe en el día. Escrito hacia delante, todo cronograma parece viable; escrito hacia atrás, aparecen enseguida las dos o tres horas que faltan.

Los hitos que hay que fijar

Hora de acceso al recinto. Hora en que la estructura está en pie. Hora en que hay corriente estable. Hora en que el escenario queda libre para la prueba. Hora de inicio y fin del soundcheck. Hora de llegada de invitados. Hora de corte de música por licencia. Hora de salida del recinto. Ocho horas escritas, no ocho intenciones.

El punto de no retorno

Hay una hora a partir de la cual ya no se puede cambiar la configuración: mover un subgrave, añadir una línea de retardo o recolocar el FOH deja de ser posible cuando la decoración está puesta y los invitados están llegando. Fijarla por escrito —y decirla en voz alta— evita la conversación imposible de las nueve de la noche.

Sobre esos hitos se aplican dos reglas prácticas. La primera es el margen: entre el final del ajuste técnico y la llegada del primer invitado debe haber al menos una hora de colchón, no cero. Ese hueco es el que absorbe el camión que llegó tarde, el diferencial que salta y el micrófono que aparece descargado, y es lo primero que se sacrifica cuando se planifica optimista. La segunda es la regla de los gremios: en un espacio pequeño no pueden trabajar dos oficios a la vez sobre la misma zona, así que el cronograma reparte el espacio, no solo el tiempo.

El documento que materializa todo esto es la hoja de ruta: una página con las horas, los proveedores, el responsable de cada bloque y un teléfono por empresa. Se envía a todos los implicados —incluido el venue— al menos una semana antes, y se imprime en papel para el día del montaje, porque en una finca del interior la cobertura móvil es una hipótesis. Una hoja de ruta que solo existe en la cabeza del organizador no es un cronograma: es una intención.

Tip Mallorca

En julio y agosto hay que meter el tráfico en el cronograma como un hito más. La Vía de Cintura de Palma y las salidas hacia el Llevant y el Pla se colapsan a media mañana y otra vez a media tarde, y un trayecto de cuarenta minutos en marzo son ochenta en agosto. Nosotros movemos la carga de las fincas de la parte de Artà, Capdepera y Son Servera antes de las ocho de la mañana; el resto del año no haría falta, pero en temporada alta esa hora de salida es la diferencia entre montar con calma y montar con el catering encima.

03 — Los documentos

Riders técnicos y plano de planta

Plano de planta acotado de un evento y un rider técnico desplegados sobre una mesa de trabajo junto a un metro y un rotulador, con luz cálida lateral

Un montaje se dirige con dos documentos: el rider, que dice qué necesita cada artista, y el plano de planta, que dice dónde va todo. Sin el primero se compra material a ciegas; sin el segundo se discute la posición del escenario a las nueve de la mañana con la grúa esperando. Ninguno de los dos es opcional a partir de cierto tamaño, y ambos deberían existir semanas antes, no la víspera.

Rider técnico

Lo entrega el artista o su técnico y contiene la lista de entradas, el plano de escenario, el PA mínimo, el número de vías de monitores, el backline, la potencia eléctrica que demanda, el personal necesario y los horarios de carga y prueba. Al leerlo hay que separar el requisito real —canales, vías, dimensiones, tiempos— de la preferencia de marca, que casi siempre lleva la coletilla «o similar». Se pide al cerrar el artista; un rider que llega a diez días vista suele significar reabrir el presupuesto.

Plano de planta

El dibujo a escala del espacio con todo lo que va dentro: escenario, pista, mesas, barra, zona de cóctel, photocall, accesos, salidas de emergencia y aseos. Debe estar acotado —metros reales, no proporciones aproximadas— porque de esas cotas salen las distancias de cobertura, las longitudes de cable y la decisión de si hacen falta líneas de retardo. Un plano sin escala es un boceto bonito y no sirve para calcular nada.

Plano de implantación técnica

La capa que se dibuja encima del anterior: posición de cajas y subgraves, puesto de FOH, ubicación de racks y cuadros, recorrido de las mangueras, punto de acometida o del grupo electrógeno, y puntos de anclaje o lastrado. Es el documento que permite discutir con el cliente y con el decorador antes de montar, cuando mover un stack cuesta un clic y no cuarenta minutos y una discusión.

Hoja de ruta y dosier de producción

El documento maestro que reúne cronograma, contactos, planos, riders, accesos, aparcamiento, restricciones del venue, horas de corte y plan B. En eventos grandes se llama dosier de producción y tiene veinte páginas; en una boda cabe en dos. El tamaño da igual: lo que importa es que exista uno solo y que todos trabajen sobre la misma versión.

Hay un cruce entre documentos que conviene hacer siempre y casi nadie hace: comprobar que el stage plot del artista cabe físicamente en el escenario que hay contratado. Un rider que pide seis metros de frente por cuatro de fondo no entra en una tarima de tres por dos, y eso se sabe leyendo dos números, no montando. La misma comprobación vale para la potencia: si el backline pide 6 kW y la finca tiene 5,5 kW útiles en total, no hay solución técnica el día del evento; hay una decisión de producción que había que tomar semanas antes.

Tip Mallorca

Muchas fincas y possessions de la isla circulan con un plano comercial pensado para vender el espacio, no para montarlo: sin cotas, con el norte cambiado y con el patio dibujado más grande de lo que es. Nosotros levantamos siempre el plano con metro láser en la visita técnica, aunque el venue ya nos haya enviado uno. Media hora midiendo evita el clásico descubrimiento de que entre la columna del claustro y el muro hay 2,80 m y el escenario contratado mide 3.

Lo que exige cada tipo de espacio de la isla —fincas, hoteles, beach clubs, bodegas— lo desglosamos venue a venue en la guía de lugares para eventos en Mallorca.

04 — La logística

Carga, descarga y accesos

Descarga de material de sonido desde una furgoneta en el camino de acceso de una finca mallorquina, con flight cases sobre un carro, planchas de protección en el empedrado y muros de piedra seca a ambos lados

La descarga es la parte del montaje que más varía entre un evento y otro, y la que peor se estima. En un hotel urbano con muelle de carga y montacargas, meter un montaje completo son cuarenta minutos. En una finca del interior con quinientos metros de camino de tierra, un portón de dos metros ochenta y una cuesta de grava, el mismo material tarda dos horas y necesita una persona más. Y esa diferencia no se puede resolver el día del evento: hay que haberla previsto en el presupuesto y en el cronograma.

Lo que se mide en la visita

Ancho y altura libres de portones y arcos, radio de giro del último tramo, pendiente y firme del camino, distancia real desde donde para el vehículo hasta la zona de montaje, escalones y desniveles intermedios, y si hay ascensor o montacargas y qué mide por dentro. Todo en metros, apuntado. «Se puede llegar bien» no es un dato.

Lo que decide el vehículo

No el volumen de material, sino el acceso más estrecho del recorrido. En Mallorca esa restricción manda tanto que muchas veces implica trasladar el material del camión a una furgoneta pequeña en la entrada de la finca, con el coste de tiempo y personal que eso supone. Es preferible saberlo en el presupuesto que descubrirlo con el camión encajado entre dos muros de piedra seca.

El orden de carga en almacén es la otra mitad del asunto, y es puramente mecánico: se carga en el orden inverso al de montaje. Estructura y escenario al fondo —salen primero—, después reparto eléctrico y mangueras, luego cajas y subgraves, y por último herramienta, consumibles y microfonía, que son lo que se usa al final y lo que más veces hay que buscar. Cargar por tamaño en lugar de por secuencia parece más eficiente en el almacén y cuesta una hora en el sitio.

El material rueda o se lleva entre dos: los carros de transporte y las ruedas de los flight cases no son un lujo de gama alta sino una medida de prevención, porque la mayoría de las lesiones de este oficio ocurren en la descarga y no en el montaje. Y hay una regla de cortesía que también es económica: proteger el suelo. Planchas o moqueta sobre el empedrado de un patio histórico, tablas sobre el césped y nada de arrastrar un subgrave por un suelo de barro cocido. Una marca en la piedra de una possessió es una conversación con el propietario que no se resuelve con una disculpa.

Tip Mallorca

Los caminos rurales de la isla tienen dos peculiaridades que sorprenden a los proveedores de fuera: los muros de piedra seca no perdonan —no hay arcén, no hay margen, y raspar un muro protegido es un problema serio— y muchas fincas comparten acceso con vecinos que tienen derecho de paso. Conviene preguntar por el ancho útil real y por si hay una hora en la que el camino esté ocupado, y llevar siempre la matrícula y el contacto del conductor en la hoja de ruta por si hay que mover el vehículo con urgencia.

05 — La base de todo

La electricidad del montaje

Cuadro eléctrico portátil de evento con diferenciales y magnetotérmicos abierto sobre una pared de piedra, mangueras CEE saliendo hacia el suelo y protegidas con pasacables, en penumbra con luz ámbar

La electricidad es lo primero que se monta y lo último que se desmonta, y es la causa más frecuente de que un evento se pare del todo. No es un asunto de sonido ni de luz: es una instalación temporal completa, con su reparto, sus protecciones y su puesta a tierra, que se monta en unas horas y se retira en la misma noche. Tratarla como «enchufar el equipo» es el origen del noventa por ciento de los sustos.

Cuadro de distribución

El punto único desde el que se reparte todo, con su interruptor general, sus diferenciales y un magnetotérmico por línea. Permite algo esencial: que un fallo tire una línea y no el evento entero. Va accesible, señalizado, protegido de la lluvia y del tránsito de invitados, y con la asignación de líneas escrita en la tapa para que a las dos de la mañana no haya que adivinar cuál es cuál.

Diferenciales y selectividad

La protección de las personas es innegociable: diferencial de 30 mA en las líneas de uso general. El problema práctico es que las fuentes conmutadas de los drivers LED y de la electrónica de audio generan corrientes de fuga que suman, y un único diferencial para todo el evento salta sin que haya avería. La solución no es quitarlo, es repartir: varios diferenciales, cada uno con pocas cargas, y del tipo adecuado para instalaciones con electrónica.

Puesta a tierra

Sin una tierra en condiciones, el diferencial no protege y el sistema de audio arrastra ruido. En una acometida existente se comprueba que la tierra está y que mide lo que debe; con grupo electrógeno hay que resolverla expresamente, con pica y conexión del neutro según lo que exija el equipo. Es también la mitad de la explicación de los zumbidos: buena parte de los «ruidos de sonido» de un evento son en realidad un problema de tierras y de bucles de masa.

Reparto por gremios

Sonido, iluminación y catering van en líneas independientes, y el sonido en la más limpia y estable. La razón es concreta: los hornos de regeneración, las cámaras y las máquinas de hielo del catering son cargas grandes que arrancan y paran solas, y compartir línea con ellas significa caídas de tensión y, tarde o temprano, un disparo en mitad del primer baile.

Dimensionar es sumar consumos reales con margen, no confiar en la etiqueta del venue. Una boda de doscientas personas con sonido, iluminación de pista y decorativa se mueve del orden de 15 a 25 kW de pico; el catering puede pedir tanto o más él solo. Muchas fincas mallorquinas tienen una acometida monofásica de 25 o 30 A —en torno a 5,5 a 6,6 kW útiles— que no llega ni para empezar, así que la conversación honesta es la del grupo electrógeno: insonorizado, dimensionado con holgura sobre el pico previsto, colocado a distancia y con el escape orientado lejos del público, con combustible para toda la noche y con una prueba de carga hecha por la tarde, no a las once.

El último tramo es el cable. Las tiradas largas provocan caída de tensión, así que la sección se calcula por distancia y no por costumbre; las mangueras cruzan las zonas de paso protegidas con pasacables o canaletas —nunca con cinta y buena voluntad—; y las conexiones de intemperie van elevadas del suelo, porque el riego automático de un jardín se activa solo a las tres de la madrugada y ha arruinado más de un desmontaje. Antes de dar tensión al conjunto se mide con pinza amperimétrica y se comprueba la polaridad y la tierra de cada toma con un comprobador: dos minutos de verificación que sustituyen a una noche de conjeturas.

Tip Mallorca

«Aquí siempre ha habido corriente de sobra» es la frase que más caro nos ha salido en doce años. En muchas fincas de interior la instalación es antigua, con protecciones que nadie ha revisado y una acometida pensada para una casa, no para un evento. Nosotros medimos con pinza en la visita técnica, sin excepción, y decidimos a partir de ese número. Y cuando el evento depende de la instalación de la finca, llevamos igualmente un grupo pequeño de respaldo para las líneas críticas: cuesta poco y convierte un apagón general en una anécdota de treinta segundos.

06 — Lo innegociable

Seguridad, PRL y rigging

Técnico con casco y guantes revisando una eslinga y un grillete en la base de una torre elevadora lastrada con sacos, en el exterior de una finca mallorquina a última hora de la tarde

Es la parte de la guía que menos se lee y la única en la que un error no se corrige. Un montaje de eventos es una obra temporal: hay cargas suspendidas, trabajo en altura, electricidad provisional, vehículos maniobrando y, poco después, cientos de personas debajo de todo eso. Las reglas no son burocracia: son la razón por la que esto sale bien miles de veces seguidas.

Prevención básica

Calzado de seguridad siempre, guantes en manipulación de estructura, casco bajo cargas suspendidas y arnés en trabajo en altura. Zona de montaje delimitada y sin público. Nada de trabajar bajo una carga izada, ni de dejar una carga elevada sin vigilancia. Iluminación de trabajo propia para el desmontaje: la mayoría de los golpes ocurren de madrugada, a oscuras y con prisa.

Cargas y anclajes

Cada elemento de rigging —eslingas, grilletes, polipastos, abrazaderas— tiene una carga máxima de trabajo declarada, y esa es la cifra que manda, no la de rotura. Los puntos de anclaje de una finca antigua no son puntos de rigging: una viga de sabina de doscientos años no tiene certificado de carga, y colgar de ella porque «parece fuerte» es exactamente el tipo de decisión que no se toma.

Las torres elevadoras y los truss tienen dos condicionantes que se olvidan con facilidad. El primero es el lastre y la nivelación: una torre se monta a plomo, sobre superficie firme, con las patas extendidas y el contrapeso que indica el fabricante, y no se sube más carga de la declarada. El segundo es el viento, y es el más serio en exterior: cada estructura tiene una velocidad máxima de viento admisible, y por encima de ella la respuesta es bajar la carga o desmontar, no ver qué pasa. Cualquier superficie que haga vela —una lona, un backdrop, una pancarta— multiplica el esfuerzo sobre la estructura y cambia por completo ese cálculo.

En documentación, lo que hay que tener encima de la mesa antes del montaje es concreto: póliza de responsabilidad civil en vigor con fecha y capital, certificados y declaraciones de conformidad de las estructuras y de los elementos de elevación, plan de montaje con cronograma y personal, y evaluación de riesgos cuando el tamaño del evento lo exige. Muchos venues y buena parte de los ayuntamientos de la isla los solicitan, y siempre lo hacen con cuarenta y ocho horas de margen, que es justo cuando ya no se pueden conseguir. Se piden al contratar al proveedor, no al montar.

Tip Mallorca

El viento de la isla es previsible y hay que tratarlo como un dato de diseño. El embat entra desde el mar a media tarde con bastante puntualidad en verano, y las rachas de tramuntana en la Serra pueden hacer inviable una estructura elevada en cuestión de minutos. Nosotros consultamos la previsión de racha —no la de viento medio— cuarenta y ocho horas antes y otra vez la mañana del montaje, y para cualquier estructura elevada en exterior definimos por escrito el umbral a partir del cual se baja. Discutir eso con el cliente a las siete de la tarde, con la estructura arriba, no es una conversación: es un problema.

07 — El orden de entrada

Coordinar a todos los gremios

Varios equipos trabajando a la vez en el patio de una finca mallorquina durante el montaje: montadores de carpa, técnicos de sonido con cajas, floristas con centros de mesa y camareros vistiendo mesas, al atardecer

En un evento medio entran entre cinco y ocho empresas distintas el mismo día y en el mismo espacio: carpa, escenario, sonido e iluminación, mobiliario, decoración y floristería, catering, fotografía y a veces audiovisuales. Todas creen que su parte es la que condiciona a las demás y todas tienen algo de razón. Lo que evita el atasco no es la buena voluntad: es un orden de entrada decidido de antemano por alguien con autoridad para imponerlo.

1 · Estructura y escenario

Carpa, tarima, truss y torres. Es lo que ocupa el espacio con maquinaria y lo que define las cotas reales sobre las que trabajan los demás. Todo lo que entre antes hay que apartar; todo lo que se monte después de que la estructura esté en pie se monta una sola vez.

2 · Electricidad

Cuadro, líneas y tomas para todo el mundo, incluidos catering y decoración. Va antes que el resto porque los demás gremios la necesitan para trabajar, y porque las mangueras deben quedar por debajo de lo que se monte encima —moqueta, tarima, mobiliario— y no serpenteando entre las mesas ya puestas.

3 · Sonido e iluminación

Cajas, subgraves, focos, cableado y ajuste. Necesita el espacio despejado y ruido propio: enfocar luces y hacer soundcheck con cincuenta personas vistiendo mesas alrededor es lento para todos. Es el gremio que más se beneficia de tener una franja horaria en exclusiva, aunque sea corta.

4 · Mobiliario, decoración y floristería

Entra cuando lo técnico está colocado, porque su trabajo es el que se ve y el que no se puede pisar después. Aquí surge el conflicto clásico: la decoración que tapa una caja o un foco, o el centro de mesa que aterriza justo delante del puesto de control. Si el plano de implantación se ha compartido, la conversación dura un minuto.

5 · Catering

El último en montar y el que más potencia consume. Necesita su zona de office resuelta, sus líneas eléctricas propias y accesos libres para el servicio. Cerrar con ellos la ubicación de hornos y cámaras antes del día del evento evita el descubrimiento tardío de que el único enchufe disponible es el que alimenta el sistema de sonido.

El instrumento de coordinación no es una cadena de mensajes: es una hoja de ruta con horas de entrada por empresa, un responsable identificado por gremio y un teléfono por empresa, enviada con una semana de antelación y confirmada por todos. En eventos de cierto tamaño se añade una reunión de coordinación quince días antes —media hora, en persona o por vídeo, con el plano delante— que resuelve más problemas que veinte correos. Y durante el montaje hace falta una figura única que decida en tiempo real: cuando dos gremios se pisan, alguien tiene que decir quién espera.

Vale la pena mirar los tiempos muertos con ojos de coste. Un equipo de tres técnicos parado noventa minutos porque la carpa va con retraso son cuatro horas y media de trabajo perdidas que alguien paga, en dinero o en calidad, porque esa hora y media se recorta después del ajuste. Ese es el motivo real por el que un cronograma realista sale más barato que uno optimista, aunque sobre el papel parezca lo contrario.

Tip Mallorca

En bodas internacionales —que en Mallorca son la mayoría— el montaje se coordina a menudo en tres idiomas a la vez: la pareja en inglés o alemán, el wedding planner en castellano y los montadores en mallorquín. La hoja de ruta escrita, con horas y no con descripciones, es lo que evita que un matiz se pierda por el camino. Nosotros la enviamos en el idioma del cliente y en castellano, y en el sitio trabajamos con las horas, que se entienden en todos.

Qué exige cada formato musical en escenario, canales y tiempos de prueba está desglosado en la guía de tipos de fiesta y espectáculo.

08 — La caja de herramientas

Herramientas y consumibles

Caja de herramientas de técnico de eventos abierta sobre un flight case, con llaves, polímetro, rollos de cinta americana negra, bridas, linterna frontal y adaptadores eléctricos ordenados

Un montaje se cae por una brida que falta más veces que por una caja que falla. Las herramientas y los consumibles son la parte del inventario que nadie presupuesta, nadie luce y todo el mundo necesita, y su ausencia se paga siempre en el peor momento: cuando ya no hay tienda abierta y quedan cuarenta minutos para que llegue el primer invitado.

Herramienta

Juego de llaves fijas y carraca —la del 19 es la del truss y desaparece siempre—, destornilladores planos y de estrella, alicates y cortacables, cúter, metro y metro láser, nivel, taladro con batería cargada, escalera, linterna frontal por persona, y para la parte eléctrica polímetro, comprobador de tomas con detección de polaridad y tierra, y pinza amperimétrica.

Consumibles

Cinta americana negra —y mate, no brillante, para lo que se ve—, cinta de doble cara, cinta de señalización, bridas de tres tamaños, velcro para recoger cable, pasacables y canaletas, sacos de lastre, tornillería suelta, fusibles, pilas AA y de 9 V en cantidad indecente, y una bolsa de adaptadores: Schuko, CEE, PowerCon, XLR macho-macho y hembra-hembra, jack, RCA y minijack.

Aparte de eso va el kit de repuestos críticos, que es lo que convierte una avería en una anécdota: un micrófono inalámbrico completo de reserva, un cable de red y varios XLR de repuesto, una caja de apoyo pequeña, un reproductor secundario con la música del evento cargada, baterías nuevas y un juego de cables de altavoz. No aparece en el presupuesto y no se usa en ocho de cada diez eventos; en el noveno paga todo el año.

La disciplina que sostiene esto es el etiquetado y la devolución. Cada cable etiquetado por longitud y tipo, cada caja con su contenido en la tapa, y al desmontar todo vuelve a su sitio aunque sean las cuatro de la mañana. Una manguera que se guarda enrollada de cualquier manera es una manguera que no funciona dentro de tres eventos, y una caja de consumibles que nadie repone es una caja vacía el día que hace falta. Por eso la reposición se hace al volver al almacén, no antes de salir al siguiente.

Tip Mallorca

En una isla, el kit de repuestos vale el doble. Si a las siete de la tarde de un sábado de agosto se cae un receptor inalámbrico en una finca de Artà, no hay proveedor, ni servicio técnico, ni mensajería que lo resuelva esa noche: la pieza está, en el mejor de los casos, a un vuelo de distancia. Por eso salimos siempre con duplicado de todo lo crítico aunque no figure en el presupuesto. Un montaje que llega justo es un montaje que no llega.

09 — Quién decide qué

Producción y dirección técnica

Dos responsables de un evento revisando juntos una hoja de ruta y un plano junto al escenario a medio montar, con walkies en la mano y el patio de la finca al fondo

Son dos oficios distintos que en eventos pequeños hace la misma persona y en eventos grandes no pueden hacerse a la vez. Confundirlos genera un problema muy reconocible: alguien promete al cliente algo que técnicamente no cabe, y el conflicto aparece cuando ya no hay margen para resolverlo.

Dirección de producción

Gestiona el proyecto: presupuesto y cierre económico, contratación de proveedores, permisos y licencias, cronograma general, personal, transporte, alojamiento, seguros y relación con el cliente y con el venue. Decide qué se hace y con qué recursos, y es quien tiene la visión completa del evento, no solo de la parte técnica.

Dirección técnica

Gestiona la viabilidad: planos de implantación, lectura y traducción de riders, cálculo de cargas y de potencia, plan de montaje, seguridad estructural y eléctrica, elección concreta del material y dirección de los equipos técnicos. Decide cómo se hace y, sobre todo, tiene autoridad para decir qué no se puede hacer.

Hay una tercera figura que aparece el día del evento y que se olvida al presupuestar: el regidor o jefe de escenario, que es quien manda el reloj cuando ya hay gente dentro. Da entradas y salidas, avisa a la banda, coordina el cambio entre bloques, habla con el maestro de ceremonias y con el catering y decide sobre la marcha si el discurso se adelanta porque la cena va con retraso. En una boda esa función la suele asumir el wedding planner; en un corporativo con programa cerrado hace falta alguien dedicado, porque nadie que esté operando una mesa puede además llevar el guion.

La regla práctica para saber cuándo separar: mientras haya un solo proveedor técnico, menos de cien invitados y ninguna estructura elevada, una sola persona puede con todo. En cuanto hay escenario, varios gremios, artistas con rider o un programa con horas cerradas, hacen falta al menos dos cabezas, y conviene que esté escrito quién decide en caso de conflicto. Esa línea —quién tiene la última palabra sobre el reloj y quién sobre la seguridad— es la que evita las discusiones de las ocho de la tarde.

Tip Mallorca

En la isla, buena parte de los eventos privados llegan con un wedding planner que hace producción y sin nadie que haga dirección técnica. El hueco se nota siempre en lo mismo: potencia eléctrica mal estimada, riders que nadie ha cruzado con el espacio real y horarios de montaje imposibles porque se han repartido sin saber cuánto tarda cada gremio. Cuando asumimos también esa parte, el cambio no está en el material: está en que las decisiones que dependen de un número se toman con el número delante.

10 — Cuando algo falla

Gestión de imprevistos

Técnico revisando con linterna frontal un cuadro eléctrico durante un evento nocturno en una finca mallorquina, con la fiesta iluminada en ámbar desenfocada al fondo

Los imprevistos de un evento no son infinitos: son básicamente cinco, se repiten con una regularidad casi aburrida y todos tienen una respuesta preparada. Lo que distingue a un montaje profesional no es que no le pasen cosas, sino que cuando pasan ya estaban previstas y la solución no se inventa delante del cliente.

Corte eléctrico

El más frecuente y el más aparatoso porque se lleva la música, la luz y la cocina a la vez. La prevención es el reparto por líneas y el margen de potencia; el respaldo es un grupo pequeño para las líneas críticas o, como mínimo, un SAI para la mesa y el procesado, que evita el reinicio del sistema y da los minutos necesarios para diagnosticar con calma.

Lluvia o viento

Se resuelve con una hora, no con una lona. En el contrato se fija una hora de decisión —entre cuatro y seis antes de la llegada de invitados— en la que se elige plan A o plan B con la previsión delante, y esa decisión no se revisa. El plan B tiene que estar dibujado en un plano, no descrito de palabra: qué se monta dentro, cuánto tarda y qué se pierde.

Retraso de un proveedor

Casi nunca se recupera; lo que se hace es reordenar. Por eso el cronograma debe indicar qué tareas pueden adelantarse si el gremio anterior va tarde y cuáles no. Y por eso el margen de una hora antes de la llegada de invitados no es un lujo: es la única herramienta real que existe contra el retraso ajeno.

Fallo de equipo

Se cubre con redundancia en los puntos únicos de fallo: el micrófono de la ceremonia, el reproductor de la música, el cable de red que va al escenario. No hace falta duplicar el sistema entero —eso no lo paga nadie—, sino identificar los tres o cuatro elementos cuya avería para el evento y llevar duplicado exactamente esos.

Cambio de última hora del cliente

Mover la ceremonia, añadir discursos, adelantar la cena o meter una sorpresa con vídeo. Suele ser asumible si se sabe con antelación y muy caro si llega después del punto de no retorno. La respuesta correcta no es «no», es explicar en treinta segundos qué implica y dejar que el cliente decida con la información delante.

Detrás de los cinco hay un principio común: decidir pronto. Casi todos los imprevistos admiten una solución barata si se abordan tres horas antes y ninguna si se abordan quince minutos después de que empiece el problema. Por eso lo importante de un plan B no es su contenido sino la hora a la que se activa, y por eso conviene escribir esa hora en el contrato junto al resto de los hitos.

Tip Mallorca

El chubasco de septiembre en Mallorca es corto, intenso y muy local: puede descargar veinte minutos sobre una finca de Binissalem y dejar seco un olivar a seis kilómetros. Eso hace que la previsión general de la isla sirva de poco y que lo útil sea el radar a corto plazo. Nuestra práctica es sencilla: todo lo que no puede mojarse —mesa, racks, portátil— vive bajo cubierta desde el primer minuto del montaje, aunque el día esté despejado, porque cubrir un puesto de control con la fiesta en marcha es mucho más caro que cubrirlo a las once de la mañana.

La referencia

Cronograma tipo por tamaño

Horas y personal orientativos para un evento en Mallorca con sonido e iluminación. Un acceso complicado, una estructura elevada o un montaje compartido con varios gremios mueven cualquiera de estas filas un escalón hacia arriba.

Vista elevada del patio de una finca mallorquina a media tarde con el montaje casi terminado: escenario, cajas de sonido en posición, mesas vestidas y dos técnicos ajustando el puesto de control

Hasta 50 · cóctel o ceremonia

Montaje: 2–3 h el mismo día, por la mañana

Prueba: 30–45 min de line check y ajuste

Desmontaje: 1–1,5 h con 2 técnicos

50–120 · fiesta privada

Montaje: 4 h el mismo día

Prueba: 1 h con ajuste de sistema

Desmontaje: 2 h con 2–3 técnicos

120–250 · boda en finca

Montaje: 6–8 h desde primera hora, gremios solapados

Prueba: 1,5–2 h con medición y prueba de banda

Desmontaje: 2,5–3 h de madrugada con 3–4 técnicos

250–500 · corporativo o gala

Montaje: víspera para estructura más 8 h el día

Prueba: 3 h más ensayo de programa y ponentes

Desmontaje: 4 h con 5–6 técnicos

500+ · concierto o festival

Montaje: 1–2 días completos con rigging certificado

Prueba: media jornada de system tuning y pruebas

Desmontaje: 1 día con 8 o más técnicos por turnos

El acceso decide las horas; los gremios deciden el orden

Antes de abrir puertas

Checklist pre-evento

Los cuatro cortes que usamos en cada evento. No es una lista de deseos: es lo que se comprueba, con quién y a qué hora.

Una semana antes

  • Hoja de ruta enviada y confirmada por todos los proveedores y por el venue
  • Plano de implantación cerrado y compartido con decoración y catering
  • Riders recibidos y cruzados con el escenario y la potencia reales
  • Documentación entregada: RC, certificados de estructuras, plan de montaje
  • Horas de corte de música y de salida del recinto confirmadas por escrito
  • Hora de decisión del plan B fijada y comunicada al cliente

La víspera

  • Material seleccionado, probado pieza a pieza y cargado en orden inverso
  • Kit de repuestos críticos y consumibles repuestos y contados
  • Baterías cargadas: inalámbricos, taladro, linternas, walkies
  • Previsión de viento y lluvia revisada, con umbral de estructuras claro
  • Ruta, hora de salida y contacto del conductor confirmados
  • Escenas y presets preparados en mesa y en consola de luces

El día, durante el montaje

  • Suelo protegido antes de entrar material
  • Cuadro montado, líneas etiquetadas y consumo medido con pinza
  • Polaridad y tierra comprobadas en cada toma antes de dar tensión
  • Estructuras a plomo, lastradas y con la carga declarada respetada
  • Mangueras protegidas en todas las zonas de paso
  • Escaneo y coordinación de frecuencias hecho en el sitio

La última hora

  • Line check completo, canal a canal, con la escena de cada bloque guardada
  • Ajuste de sistema y alineación de subgraves verificados en la posición del público
  • Micrófono de ceremonia y su repuesto probados y con pilas nuevas
  • Música de reserva cargada en un segundo reproductor
  • Puesto de control cubierto y cableado recogido de las zonas de paso
  • Escena de bienvenida lanzada y nivel de fondo ajustado antes de que entre nadie

Lo que no se comprueba antes se descubre delante de los invitados

Nuestro ángulo

Un buen montaje es un montaje aburrido

Si algo hemos aprendido en más de una década montando eventos en esta isla es que la épica del montaje es una mala señal. Los días que se recuerdan por lo que se resolvió sobre la marcha son días en los que algo se planificó mal semanas antes. Un montaje que sale bien es tedioso: llega el material a la hora prevista, hay corriente donde tenía que haberla, cada gremio entra cuando le toca y a las siete de la tarde queda una hora larga en la que no hay nada que hacer.

Conseguir eso no depende del material sino de tres decisiones baratas: ir a ver el sitio antes de presupuestar, escribir el cronograma hacia atrás desde la llegada de los invitados, y poner por escrito quién decide qué. Ninguna de las tres aparece en una factura y las tres son las que separan un evento tranquilo de uno que se pasa el día persiguiéndose a sí mismo.

Por eso trabajamos desde 2014 con parque propio, visita técnica siempre que el evento es en exterior, técnico presencial de principio a fin y un único interlocutor para sonido, iluminación y electricidad, que es la manera más simple de que nadie se pase la pelota a las nueve de la noche. Puedes ver cómo lo aplicamos en bodas, eventos corporativos y conciertos y festivales, y qué incluye el servicio completo en producción técnica integral.

Preguntas frecuentes

Sobre montaje y producción

¿Cuánto se tarda en montar el sonido y la iluminación de una boda?
Para una boda de entre 120 y 250 personas en finca, el montaje completo de sonido e iluminación ocupa entre seis y ocho horas con un equipo de tres o cuatro técnicos, más una hora y media o dos de ajuste y prueba antes de que llegue nadie. La referencia práctica que usamos es que el montaje ocupa entre tres y cuatro veces lo que dura la parte técnica del evento. El desmontaje es más rápido —entre dos horas y media y tres— pero se hace de madrugada y con cansancio acumulado, que es exactamente cuando se rompen las cosas. Lo que alarga un montaje no suele ser el material: son los accesos malos, la corriente que no estaba donde decían y los tiempos muertos esperando a que otro proveedor libere el espacio.
¿Quién coordina a todos los proveedores el día del evento?
Debería haber siempre una figura única con esa responsabilidad y con autoridad para decidir: la dirección de producción, el wedding planner o, en eventos pequeños, el propio proveedor técnico si el cliente se lo delega por escrito. Lo que no funciona es la coordinación por consenso, con cinco proveedores negociando en el patio quién entra primero. El instrumento concreto es una hoja de ruta compartida con horas de entrada de cada proveedor, orden de montaje y un teléfono de contacto por empresa, enviada al menos una semana antes. Si nadie la ha escrito, el evento se coordina solo, y eso significa que se coordina mal.
¿Qué diferencia hay entre dirección de producción y dirección técnica?
La dirección de producción gestiona el proyecto: presupuesto, contratos, proveedores, permisos, cronograma, personal y logística. Habla con el cliente y decide qué se hace. La dirección técnica gestiona la viabilidad: planos técnicos, riders, cargas estructurales, potencia eléctrica, seguridad y elección de material. Habla con los técnicos y decide cómo se hace y qué no se puede hacer. En un evento de menos de cien personas suelen ser la misma persona sin que pase nada. A partir de doscientas cincuenta, o en cuanto hay estructuras elevadas, escenario, varios proveedores y artistas con rider, separarlas deja de ser un lujo: son dos trabajos a jornada completa que se estorban si los hace la misma cabeza.
¿Qué documentación técnica hay que pedir a un proveedor antes del evento?
Como mínimo: póliza de responsabilidad civil en vigor, con fecha y capital; certificados de las estructuras elevadas y de los elementos de rigging (torres, truss, eslingas, grilletes, polipastos) cuando las haya; plan de montaje con cronograma y personal; y la potencia eléctrica que va a demandar el conjunto, en kW y por fases. Muchos venues y buena parte de los ayuntamientos de la isla los piden, y siempre los piden tarde: aparecen a cuarenta y ocho horas del evento, cuando ya no se pueden conseguir. Se solicitan al contratar, no al montar.
¿Qué potencia eléctrica necesita un evento y qué pasa si la finca no la tiene?
Una boda de doscientas personas con sonido, iluminación decorativa y de pista mueve del orden de 15 a 25 kW de pico, a los que hay que sumar lo que pida el catering, que suele ser lo más voraz de todo el montaje: los hornos de regeneración y las cámaras frigoríficas se llevan con facilidad más que el sonido y la luz juntos. Muchas fincas mallorquinas tienen una acometida monofásica de 25 o 30 A, es decir en torno a 5,5 o 6,6 kW útiles, que no da. Cuando no da hay dos salidas: contratar un grupo electrógeno insonorizado dimensionado con margen, o repartir el evento entre la acometida y el grupo, dejando el sonido en la línea más limpia. Lo que nunca funciona es confiar en el «aquí siempre ha habido corriente de sobra» sin haber medido con una pinza.
¿Se puede montar el mismo día del evento o hace falta el día anterior?
Hasta doscientas cincuenta personas, sin estructuras elevadas y con buen acceso, el montaje del mismo día por la mañana es lo normal y funciona. A partir de ahí, o en cuanto aparece line array con torres, escenario de módulos, truss colgado, ensayo de artistas o una carpa, el montaje se parte en dos días: estructura y electricidad la víspera, sonido, luz y ajuste el día del evento. El factor que más obliga a la víspera no es el volumen de material sino la coincidencia de gremios: si carpa, escenario, decoración, floristería y catering tienen que entrar el mismo día en el mismo patio, no caben, y el resultado es que todos montan mal y tarde.
¿Qué pasa si llueve o hace viento el día del evento?
Lo que decide el resultado no es la meteorología sino a qué hora se toma la decisión. En cada evento en exterior fijamos por contrato una hora de corte —normalmente entre cuatro y seis horas antes de la llegada de invitados— en la que se decide plan A o plan B con la previsión en la mano, y esa decisión no se revisa después. El viento es más restrictivo que la lluvia: las torres elevadoras y los truss tienen una velocidad máxima de viento declarada por el fabricante, y por encima de ella hay que bajar la carga, no discutirla. En Mallorca el embat de la tarde y las rachas de tramuntana son previsibles casi al día, así que forman parte del diseño del montaje, no de la improvisación.
¿A qué hora hay que desmontar y quién lo decide?
Lo fija la licencia del venue y el contrato, no el ambiente de la fiesta, y conviene tenerlo escrito con dos horas distintas: hora de corte de música y hora de salida del recinto. Entre una y otra debe haber margen real —de dos a tres horas en una boda de finca— porque el desmontaje de madrugada es la fase con más incidencias de todo el evento: cansancio, poca luz, invitados aún circulando y prisa. Algunos venues obligan a retirar el material la misma noche y otros permiten dejarlo hasta la mañana siguiente, y eso cambia el precio y el número de técnicos. Es una de las tres o cuatro preguntas que hay que hacer al venue antes de firmar nada.

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